Científicos calman el dolor crónico con un neuroespejo

Se especializan en el dolor fantasma que el cerebro proyecta en miembros amputados y usan una cabina que combina terapia con experiencia sensorial.

Fuente: LUN 

Sentarse frente a un espejo y recibir una estimulación sensorial personalizada. Esa combinación es la base del Neuroespejo, iniciativa e un grupo de científicos chilenos que busca aliviar el dolor crónico, el dolor fantasma (sensación de malestar en un miembro amputado) e incluso recuperar funciones motoras perdidas por accidentes cerebrovasculares. Todo a través de las neuronas espejo, aquellas que se activan al ver a otra persona efectuar una acción y que son la base de la empatía.

En su centro clínico de Ñuñoa, la innovación es el llamado Neuroespejo Digital. Es una cabina donde, por ejemplo, pacientes que han sufrido la amputación de un brazo se pueden ver con su cuerpo completo, proyectando su brazo sin daños en el lado contrario y recibiendo además estímulos agradables, como música y olores. ¿Con qué fin? Eliminar el dolor fantasma.

“Tiene que ver con un desajuste cerebral: las personas sienten que aún tienen ese miembro y sienten dolor en él. El cerebro proyecta la imagen del miembro que ya no está. Nuestra ‘nave espacial’, como la llamamos, nos permite entrar a esa neuromatriz e incrementar la capacidad autorreparadora del cerebro humano”, afirma Eduardo Muñoz, magíster en psicología y director clínico de Idt Neuroespejo Spa.

El equipo recibió a una paciente con un brazo amputado, producto de un accidente, que sentía que esta extremidad estaba rígida sobre su pecho. “Con la paciente construimos en conjunto una inmersión. A ella le encantaba la música árabe. Entonces, frente al espejo digital empieza a bailar música árabe; al verse moviendo en simetría los dos brazos, el brazo fantasma comienza a dejar su posición rígida. A la tercera sesión el brazo se liberó y comenzó el alivio del dolor”, afirma Muñoz.

Complementa Luis Quiroga, diseñador 3D del proyecto. “Ocupamos diversos estímulos en cada inmersión. En este mismo caso, ella hacía el gesto de aplaudir. En la imagen se juntaban las dos palmas, pero nosotros sumábamos el sonido y se hace más real. La cabina crea realidades de acuerdo a cada persona. Es una combinación de ciencia, tecnología y terapia”, destaca.

“Hacemos que la memoria traumática, encriptada en lo profundo del cerebro, se reactive de forma controlada y migre hacia el hipocampo, para que esa memoria se haga consciente y la persona la pueda aceptar”, concluye Muñoz.

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